Número 13 Junio 2011

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El Fundamento del Aprendizaje Afectivo

Del cerebro dependen nuestros sentimientos, nuestra personalidad, y es muy importante que padres y docentes conozcamos su funcionamiento, porque el cerebro es la fuente de oportunidaddes de nuestros hijos y alumnos. Les invitamos a leer un breve texto del segundo volumen de la Biblioteca UP "El Cerebro Infantil: la gran oportunidad" dedicado al aprendizaje afectivo.


Madrid | Junio 2011 | Equipo UP |


Si podemos aprender estilos emocionales es gracias a la plasticidad de nuestro cerebro, de la que tanto hemos hablado. Los datos fisiológicos implican una variación heredada en la excitabilidad de la amígdala y sus proyecciones, pero los 24 primeros meses de crianza establecen dramáticas y posibles diferencias en el futuro del niño. Allan Schore escribe:

La madre (el cuidador principal) no sólo actúa como modulador de los estados afectivos del niño, sino que regula también la producción por parte del niño de neurohormonas y hormonas que influencian la activación de los sistemas genéticos que programan el crecimiento estructural de las regiones del cerebro que son esenciales para el futuro desarrollo socioemocional del niño. La dopamina aumenta la transcripción de los genes que codifican el precursor de las endorfinas en la pituitaria y sirven para controlar el desarrollo postnatal y regular el crecimiento dendrítico. Los sentimientos positivos producidos por un buen apego son por esta razón importantes para el desarrollo neurobiológico del niño. (Affect Dysregulation and disorders of the self, W. W. Norton, Nueva York, 2003, p. 10).

AfectividadEl estrés continuado, por ejemplo, afecta al cerebro. Las glándulas suprarrenales producen adrenalina y cortisol. La adrenalina forma parte del sistema simpático de alarma. El cortisol cumple muchas funciones, libera energía, suprime el crecimiento, inhibe las hormonas reproductoras, y afecta a muchos aspectos del cerebro, sobre todo la emoción y la memoria. El abandono parece ser una de las causas de estrés destructivas. Harold Rubenstein, de la Dartmouth Medical School, dice que las relaciones tempranas alteradas hacen que el cerebro del niño consuma, para afrontar el estrés, la glucosa que se podría emplear para las funciones cognitivas tempranas. La exposición precoz al estrés o a la violencia hace asimismo que el cerebro se reorganice, incrementando los puntos receptores para los componentes químicos de alerta (Kotulak). Esto aumenta la reactividad y la presión sanguínea, y el niño será más impulsivo y agresivo en la escuela.

Pero los cambios pueden ser más complicados. El triunfo deportivo produce un aumento de testosterona, que no está relacionado con ningún estímulo sexual. La situación social también produce cambios químicos. Michael McGuire detectó que los monos machos dominantes muestran unos niveles relativamente más bajos de serotonina que los monos menos dominantes. El descubrimiento más importante fue que el mono mostraba unos niveles medios de este neurotransmisor antes de volverse dominante; sólo después descendió este nivel. Este hallazgo contradice a creencia, largamente asumida, respecto a que los niveles de serotonina de origen biológico determinan los aspectos jerárquicos de los primates no humanos. Recientemente, las conductas de riesgo han sido asociadas con una determinada secuencia de ADN del gen D4DR, que influye en la forma en que se utiliza la dopamina en el organismo. Sería fácil deducir de ahí que la conducta impulsiva tiene una base genética. Sin embargo, aunque los niños que exigen continuos estímulos sensoriales y tienden a ser temerarios pueden volverse agresivos y destructivos en determinados ambientes, en otros se pueden mostrar responsables. El aprendizaje cambia el cerebro. Se ha comprobado que las terapias —al fin y al cabo un tipo de aprendizaje— también lo hacen. Debemos admitir que la educación, que no es más que un aprendizaje dirigido, también tiene este poder.

(El cerebro infantil: la gran oportunidad. Ariel, 2011- Págs. 55-57)

Referencias bibilográficas: www.bibliotecaup.es