Número 15 Noviembre 2011

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¡Socorro! Siento Apego

Desde nuestra perspectiva es importante distinguir entre apego y dependencia. Son dos cuestiones muy distintas pero que muy a menudo se mezclan y se confunden. Esto puede ser un problema especialmente en las relaciones de pareja. ¿Pero a qué nos referimos exactamente cuando hablamos del apego?

Toledo | Noviembre 2011 | Aurora Torres


Como prometí en el anterior número voy a hablar sobre las falsas creencias que tenemos sobre el amor, que tanto daño hacen a nuestras relaciones personales. En los últimos meses me he encontrado con mucha frecuencia el consejo de no confundir el amor con el apego, sin embargo, uno de los  aspectos más importantes a la hora de establecer la relación con nuestros hijos cuando nacen, es lograr establecer un vínculo de apego sano y positivo.

El ApegoEn 1968 Bowly publicó un estudio sobre el apego y consideró que respondía a la necesidad básica de los seres humanos de vincularse a los otros, formando y manteniendo relaciones. Esta forma de relacionarse se desarrolla en los primeros años de vida e influyen de manera determinante en las relaciones que tenemos como adultos. Por lo tanto, el apego se refiere al vínculo que tenemos cuando somos bebés con nuestros principales cuidadores, normalmente la madre y el padre. Se distingue de las demás manifestaciones del universo amoroso  porque se caracteriza por: conseguir una relación emocional duradera con una persona; una relación que además produzca consuelo, paz, alegría y placer y, que su posible pérdida produce una inmensa ansiedad. ¿Nos suena? ¿Quién no quiere lo mismo cuando busca pareja? ¿Quién no quiere lograr este objetivo con la persona con la que convives? No sé, dicho así, o estamos todo el mundo enfermos emocionalmente o el apego es algo consustancial a nuestra naturaleza y que la cuestión es que no hay que confundir el apego con manifestaciones amorosas erróneas como la dependencia emocional. Me explico, resulta que hay diferentes tipos de apego, que desarrollamos y  aprendemos en los primeros años de nuestra infancia:

- Apego seguro: Es una persona que se siente bien relacionándose a los demás, que no le inquieta compartir y mostrar vulnerabilidades, ni que le ayuden, pero que también está allí cuando los demás le necesitan. No sienten ansiedad o miedo ante la posibilidad de que alguien le abandone. Son consideradas personas sanas emocionalmente, en el que sus relaciones son fuente de dicha, no un castigo o una debilidad.

- Apego evitativo: No se siente seguro con la intimidad, tiene la idea que no se puede confiar en nadie y que lo mejor es dejar una parte de sí mismo fuera de las relaciones. Tiene miedo al compromiso y suelen hacer una defensa a ultranza de la independencia.

- Apego ansioso-ambivalente: Nadie le quiere, teme que le abandonen; aunque desea unirse plenamente a otra persona sienten que  siempre le rechazan.

Los especialistas consideran que es muy beneficioso trabajar con el estilo de apego de los adultos ya que influye mucho en todas sus relaciones ya sean íntimas, familiares o de amistad. Aunque algunos autores sostienen que es algo estático, otros consideran que se puede cambiar ya sea con la terapia adecuada o incluso con las vivencias de cada uno de nosotros.

En fin, ya lo dijo Aristóteles, somos seres sociales y necesitamos vincularnos, pero lo podemos hacer de una manera sana, autónoma, libre y comprometida con nuestra felicidad y la de los demás. Otra cosa es cuando estamos hablando de relaciones dependientes, de frases de ”no puedo vivir sin ti” o “sin ti no soy nada”; otra cosa es cuando ciframos toda nuestra felicidad en la otra persona. Es entonces cuando estamos pervirtiendo nuestras relaciones de pareja. Hace unos meses leí un libro de Walter Riso titulado “Amar o depender” y consideraba la dependencia amorosa como síntoma de una personalidad emocionalmente inmadura que podemos caracterizar con estas  tres manifestaciones: bajos umbrales de sufrimiento; poca tolerancia a la frustración e ilusión absurda por la permanencia en el tiempo. En los amores dependientes todos los terapeutas están de acuerdo en que hay que huir o intentar transfórmalos en relaciones más maduras. Pero esta defensa a ultranza de la independencia y la autonomía no está llevando a construir unas relaciones sociales demasiado duras en las que todos estamos encerrados  en nuestro  "mini-yo" y que impiden compartir nuestra vida de una manera satisfactoria y feliz. Parece que hemos perdido el punto de equilibrio entre el yo y la mirada de los otros.

Me despido con una cita de Segal , que tal vez nos ayude a desenredar toda esta madeja de lo que es el amor y que nos puede ayudar a reflexionar sobre nosotros mismos y sobre la persona a la que amam os:“para alcanzar la cima del romanticismo precisamos todas las habilidades del un CE (coeficiente emocional) elevado: conciencia emocional aguda para evitar confundir el enamoramiento o la sensualidad con el amor duradero; aceptación para experimentar las emociones que podrían perjudicar una relación si se dejara enconarse; y conciencia activa vigilante que nos avise de lo que va bien y de lo que no”. Difícil, pero no imposible. Me despido con la esperanza que entre nosotros  habitan personas tan sabias como para hacer realidad en sus relaciones esta cita y que los demás podemos aprender de ellos.