Número 08 Julio - Agosto 2010

El Fracaso Escolar ¿Sólo una estadística?

Un porcentaje preocupante de alumnos que inician un nuevo curso escolar es posible que no lo terminen o sencillamente se vean obligados a repetirlo. El fracaso escolar en nuestro país es superior a la media europea. Y las soluciones son complejas ya que las causas no son exclusivamente escolares, sino que afectan al ámbito de la familia y de la sociedad en su conjunto.

Madrid | Julio 2010 | Jerónimo García Ugarte (Profesor y Tutor de UP on-line)



La vida “activa” de una estadística sobre el fracaso escolar es muy breve, apenas dura el tiempo del impacto inicial que provoca y, si tiene un poco de suerte, el servir de apoyo cuantitativo para quien trata de defender sus opiniones olvidando, en la mayor parte de los casos, el verdadero objetivo para el que fue o debería haber sido creada: generar un cambio. Movilizar a los distintos agentes educativos - Estado, padres y profesores -  a un análisis conjunto de las verdaderas causas que están detrás de los datos y a dar una respuesta en forma de propuesta de solución.

Desde mi mirada de profesor y la experiencia de veinte años a pie de aula, lo que pretendo en las siguientes líneas es acercarme a tres de las posibles causas del fracaso escolar:

1. Hay alumnos que no es que no quieran aprender, es que no pueden.-
 
Fracaso escolarEn la mayor parte de las ocasiones en las que he tenido la oportunidad de hablar con alumnos que han fracasado, con lo que realmente me he encontrado es con alumnos que no es que no quieran aprender matemáticas, geografía, literatura, etc., es que simplemente no pueden, no están preparados para aprender NADA, porque su realidad emocional se lo impide, porque carecen de las competencias emocionales - personales y sociales -  necesarias para poder potenciar sus fortalezas, hacer frente a sus debilidades y desde las que poder empezar a construirse primero como personas y después como alumnos.

Cuando un alumno fracasa pensamos en su incapacidad para alcanzar unos determinados objetivos académicos y nos olvidamos de la realidad personal, familiar y social desde la que ese alumno tiene que construir su aprendizaje.

Nuestros alumnos son el resultado de un sistema educativo donde lo que prima por encima de todo lo demás, es una formación en competencias intelectuales técnicas. Faltan tiempos, espacios y formación para poder enseñarles a desarrollar inteligentemente sus emociones y a vivir emocionalmente su inteligencia.

2. Su modo de mirar la realidad ha cambiado.-

La conexión entre el modo como nuestros alumnos se acercan a la realidad y el modo como pretendemos que aprendan, es una parte fundamental de su proceso de aprendizaje y una exigencia para los educadores de revisar y actualizar la metodología con la que cada día los recibimos en las aulas.

Del mismo modo que un día fuimos capaces de dejar atrás el dicho “la letra con sangre entra…” porque se alejaba de lo que entonces demandaba la realidad educativa, también ahora tenemos que ser capaces de aprender a mirar desde los ojos de nuestros alumnos y buscar una metodología capaz de despertar y mantener viva su inquietud por aprender.

Una metodología que apoyándose en su interés por la tecnología de la información y la comunicación, fomente la participación y ejerza de eficaz alternativa frente a la fácil tentación del abandono.

3. No es fácil educar desde el NO.-

Pero es absolutamente necesario si queremos que nuestros alumnos e hijos aprendan a afrontar sus frustraciones y no las conviertan en el paso previo al fracaso escolar. No hace falta acudir a una estadística sobre frustración para poder afirmar que un número importante de nuestros alumnos e hijos toleran muy mal sus frustraciones y recurren al abandono (fracaso) desde el mismo momento en el que entienden que el único modo de alcanzar un objetivo que se les resiste, es incrementando su esfuerzo.

Un abandono que tiene mucho que ver con la indefensión aprendida: con su “capacidad” para aprender que hay determinadas cosas que ellos no tienen que hacer simplemente porque se les dan mal… porque no les van a servir para nada… o porque su malentendido sentido hedonista de la existencia les dice que la vida es para disfrutarla.

Y ante esta situación, es muy importante que su frustración no se convierta en nuestro miedo. Un miedo por su futuro, que nos lleve a “allanar” aún más su camino y que en lugar de reforzar la necesidad de educarles en valores como el esfuerzo, el sacrificio, la disciplina...refuerce su idea de que siempre habrá alguien detrás de ellos que, como por arte de magia, hará desaparecer sus frustraciones aceptando y justificando su fracaso. Alguien que tiene miedo a perder el permanente agradecimiento del SI por el poco agradecido, necesario y compatible NO.

Detrás de cada dato, de cada estadística, hay una realidad personal de la que todos, como sociedad, en mayor o menor medida somos responsables. Una realidad que nos exige que nunca olvidemos, o peor aún, nos acostumbremos a que haya una parte de nuestros alumnos que cada curso tienen que formar, necesariamente, parte de la estadística sobre el fracaso escolar.