Número 09 Octubre 2010

Estilos y estrategias de aprendizaje

Las estrategias de aprendizaje son conductas o pensamientos que facilitan el aprendizaje. Estas estrategias van desde  habilidades de estudio, como puede ser el subrayado de la idea principal, hasta los procesos de pensamiento más complejo como es usar analogías para relacionar el conocimiento previo con la nueva información.

Madrid | Octubre 2010 | Cayetana García Hurtado de Mendoza  | Tutora de la UP


Estilos de aprendizaje

El concepto “estilo de aprendizaje” se refiere al método o estrategia que cada persona emplea a la hora de aprender, como por ejemplo, utilizar imágenes en lugar de texto escrito o trabajar solo o en grupo. La preferencia de un estilo particular no garantiza que la utilización del mismo será efectiva. En algunos casos algunos alumnos pueden beneficiarse desarrollando nuevas formas de aprender. Estas herramientas van variando según la materia, conocimientos previos, la motivación o el contexto en el que se desarrollan, pero se mantiene una tendencia estable. Lo que no quiere decir que se catalogue a los estudiantes en categorías cerradas según el tipo de estilo que presentan, ya que esta tendencia es susceptible de mejorar, por ello es tan importante conocer cuál es el estilo propio e intentar emplear los recursos y estrategias de estudio que más se acercan a su modalidad de aprendizaje.

De toda la información que recibimos nos quedamos solo con una parte, y es la manera en la que seleccionamos ese tipo de información lo que diferencia un estilo de otro. Según predomine un sistema de representación u otro en este proceso, los alumnos podrían ser divididos en visuales (éstos tienden a pensar en imágenes y existe una mayor facilidad para absorber grandes cantidades de información con rapidez por lo que establecen relaciones entre distintas ideas y conceptos de una manera más eficaz), auditivos (el procesamiento de la información se hace mediante el sistema de representación auditivo y de forma secuencial y ordenada) y kinestésicos (la información se procesa asociándola al cuerpo y sus sensaciones y movimientos).

La información que seleccionamos la tenemos que organizar y relacionar. Aprender no consiste en almacenar datos aislados. El cerebro humano se caracteriza por su capacidad de relacionar y asociar la mucha información que recibe continuamente y buscar pautas y crear esquemas que nos permitan entender el mundo que nos rodea. El cerebro se divide en dos hemisferios, cada uno procesa la información que recibe de distinta manera, según predomine en nosotros uno u otro elaboraremos la información de distinta manera. El hemisferio lógico, normalmente el izquierdo, procesa la información de manera secuencial y lineal, forma la imagen del todo a partir de las partes y es el que se ocupa de analizar los detalles. Algunas estrategias útiles que pueden ponerse en marcha y más beneficiarían en este caso de cara al aprendiz serían hacer esquemas de los contenidos, recibir reglas concretas y explícitas, ofrecer una explicación estructurada paso a paso, leer los textos desde el principio, escribir una redacción a partir de imágenes, organizar en apartados y dar opiniones razonadas.

El hemisferio holístico es intuitivo en vez de lógico, piensa en imágenes y sentimientos. Este hemisferio, normalmente el derecho, procesa la información de manera global, partiendo del todo para entender las distintas partes que componen ese todo. Para los estudiantes en los que predomina el uso de este hemisferio hacer mapas conceptuales, disponer de ejemplos variados, empezar la explicación por la idea global, empezar a leer los textos por el final, organizar por colores y expresar y asociar emociones con los contenidos, entre otras cosas, serían las estrategias más recomendables.

Finalmente, una vez tenemos organizada esa información la utilizamos de una manera o de otra. En este caso la distinción sería entre niños activos, teóricos, reflexivos o pragmáticos:

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Teóricos: Los alumnos teóricos adaptan e integran las observaciones que realizan en teorías complejas y bien fundamentadas lógicamente. Piensan de forma secuencial y paso a paso. Les gusta analizar y sintetizar la información y en su sistema de valores premia la lógica y la racionalidad. Los alumnos teóricos aprenden mejor a partir de modelos o teorías y con ideas y conceptos que presenten un desafío, y se encuentran mucho más cómodos cuando tienen la oportunidad de preguntar e indagar. Por otro lado les cuesta más aprender con actividades que impliquen ambigüedad e incertidumbre, en situaciones que enfatizan las emociones y cuando tienen que actuar sin un fundamento teórico.

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Pragmáticos: A los alumnos pragmáticos les gusta probar ideas, teorías y técnicas nuevas, y comprobar si funcionan en la práctica. Los problemas son un desafío y siempre están buscando una manera mejor de hacer las cosas. Aprenden mejor con actividades que relacionen la teoría y la práctica, cuando ven a los demás hacer algo y cuando tienen la posibilidad de poner en práctica inmediatamente lo que han aprendido. Y presentan más dificultades cuando lo que les enseñan no se relacionan con sus necesidades inmediatas ni con aquellas actividades que no tienen una finalidad aparente y tampoco cuando lo que hacen no está relacionado con la 'realidad'.

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Reflexivos: Los alumnos reflexivos tienden a adoptar la postura de un observador que analiza sus experiencias desde muchas perspectivas distintas. Recogen datos y los analizan detalladamente antes de llegar a una conclusión. Estos alumnos aprenden mejor cuando pueden adoptar la postura del observador, hacen proposiciones, analizan la situación y cuando pueden pensar antes de actuar. Sin embargo les cuesta más trabajo cuando se les fuerza a convertirse en el centro de la atención o se les apresura en una actividad y no pueden planificar previamente.

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Activos: Los alumnos activos se involucran totalmente en las experiencias nuevas. Disfrutan el momento presente y se dejan llevar por los acontecimientos. Suelen ser entusiastas ante lo nuevo y tienden a actuar primero y pensar después en las consecuencias. Llenan sus días de actividades y tan pronto disminuye el encanto de una de ellas se lanzan a la siguiente. Les aburre ocuparse de planes a largo plazo y consolidar los proyectos, les gusta trabajar rodeados de gente, pero siendo el centro de las actividades. Éstos aprenden mejor si las actividades son variadas y suponen un desafío, en actividades cortas y en situaciones de crisis. En cambio, su rendimiento es menos eficaz cuando tienen que adoptar un papel pasivo o cuando analizan e interpretan datos o en soledad.

Cada uno de nosotros es diferente y tiene su propia manera de reaccionar y adaptarse a su contexto, y la forma en la que aprendemos también lo es. La capacidad de aprender es una cualidad intrínseca con la que nacemos y que nos permite adquirir nuevos conocimientos a lo largo de toda nuestra vida, además se trata de un proceso muy activo en el que el papel del aprendiz es fundamental ya que elaborará y relacionará los datos recibidos en función de sus propias características, y de ello, dependerá que obtenga un aprendizaje de calidad. De ahí la importancia de conocer nuestro modo de aprender y poner en marcha las habilidades necesarias para que éste sea lo más adecuado y eficaz posible.

Si queréis ampliar esta información os recomendamos los siguientes libros:

Zenhas, A. (2002). Enseñar a estudiar, aprender a estudiar. Madrid: Rústica.

Valdivia, F. (2002). Estilos de aprendizaje en educación primaria. Madrid: Rústica.

González et al. (2002). Estrategias de aprendizaje. Madrid: Rústica.

Beltrán, J. (1993). Procesos, estrategias y técnicas de aprendizaje. Madrid: Síntesis.

Bernardo Carrasco, J. (2004). Estrategias de aprendizaje. Para aprender más y mejor. Madrid: Ediciones Rialp.