Número 10 Diciembre 2010

Conversar con Adolescentes

En la relación entre padres e hijos la clave es el diálogo. "Parece que hablemos idiomas diferentes"... suelen ser las quejas de los padres. La verdad es que no resulta fácil hablar con ellos. Sin embargo, hay que intentarlo.

Madrid | Diciembre 2010 | José Antonio Marina

El modelo educativo de la UP se basa en tres grandes principios: TERNURA, EXIGENCIA y COMUNICACIÓN. La sabiduría pedagógica que intentamos desarrollar implica saber cómo dosificar y poner en práctica estos grandes principios en cada caso concreto. No se puede demostrar ternura del mismo modo a un niño de dos años que a un adolescente. Con la comunicación ocurre lo mismo: cambia extraordinariamente con la edad. Una de las dificultades que presenta la educación de los adolescentes es que a veces resulta muy complicado relacionarse con ellos.

Conversar en familiaHay muchos modos de comunicarse –con gestos, acciones, actitudes- pero el lingüístico es fundamental, y dentro de él,  la conversación, que me parece una de las grandes creaciones de la inteligencia social. Una conversación no es un debate, ni un interrogatorio, es un modo amable de intercambiar ideas, sentimientos, datos en el que cada intervención despierta en el otro ocurrencias nuevas.  Es, sin duda, la base de las relaciones de pareja, el lazo básico en las familias y, por supuesto, para educar.

Michael Bradley en su libro “Yes, Your Teen is Crazy”, insiste en la necesidad de aprender a hablar con vuestros adolescentes, y la irritación que eso puede producir, por lo que transcribe la respuesta airada de una madre que ha ido a su consulta:  “Brigitte es MI HIJA, por amor de Dios. Ha crecido en mi vientre, la he parido, la he dado de mamar, la he educado, he abandonado a un hombre violento por ella, y he luchado para sobrevivir. Vivimos unidas desde hace 14 años, es carne de mi carne, y usted tiene la desfachatez de decirme cómo tengo que hablarle?”. Se echó a llorar. Una vez tranquilizada me dijo: “Perdone. Ya sabía que tenía que venir a que alguien como usted me enseñara a comunicarme con mi hija. Pero tengo el corazón roto y lo detesto. ¿Me comprende?” , “Sí, respondí, la comprendo. Yo también me detestaría”.

Hay algunos consejos muy generales que sirven para todos los casos:

1) Haz afirmaciones para expresar cómo te sientes, por qué sientes así y qué quieres. Le estarás enseñando a expresar sus deseos y necesidades con claridad: “Hoy he tenido un día muy divertido en el trabajo, porque han venido a vernos unos viejos compañeros de la Facultad, hemos comido juntos, ha sido emocionante vernos después de años. ¿Qué tal tú en el colegio?”.

2) Habla sobre las cosas que te interesan, o que le interesan a tu hijo, que son importantes para vosotros. Así, estarás hablando de ti mismo, evitando las conversaciones sin contenido emocional: “Vamos a pasar el fin de semana en el campo, ¡qué ganas tengo de que vayamos!”.

3) Presta atención a lo que te dice tu interlocutor, sobre todo cuando es tu hijo, y a cómo lo dice. Es necesario modular la respuesta a lo que el otro dice, no solo a sus palabras, sino también a sus claves conversacionales, para llevar la conversación a donde hay algo que expresar. “Ya, dices que estás contento, pero yo te veo un poco triste. Dime qué te pasa...”.

4) Ten curiosidad, interésate por lo que la persona con quien hablas te dice. Pregunta sobre los demás, enséñale a tu hijo a interesarse por lo que les pasa a otros. “¿Cuéntame más, y quien es ese chico de tu equipo de fútbol, que juega tan bien?”. Ofrece ayuda, cuando la conversación es sobre un problema: ¿Cuá es el problema? ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Puede ser ésta una solución? ¿Y ésta?

5) Haz que la conversación de lugar a actividades que podáis compartir, o a repetir algo que os haya gustado hacer. “Oye, pues podemos volver a jugar otro partido de tenis, ya que me has estado contando todo esto sobre tus jugadores favoritos”. Comenta lo que tu hijo te dice, dale una retroalimentación positiva, no crítica: “Eso me parece buena idea”, o bien, “No me parece del todo bien, a ver cómo lo podemos mejorar”.

6) Mantén la atención en la conversación, evitando hacer otra cosa mientras habláis. No cambies de tema, ni dejes la conversación en el aire. Demuestra que sabes escuchar, pregúntale sobre lo que te ha dicho, pide que te de más detalles, que te aclare lo que no entiendes. Demuéstrale que comprendes sus sentimientos, como si fueses un espejo: “Pues debes sentirte fatal, que te hayan suspendido habiendo estudiado tanto”. Pero siempre, y este es un consejo importante, manteniendo una distancia con respecto a sus sentimientos, para que sea él quien aprenda a darles sentido, a manejarlos y a expresarlos.

7) Expresa afecto, aprobación, empatía e interés por lo que te está contando. Ten gestos cariñosos, mírale de manera comprensiva, dile que te parece bien lo que está contando, muéstrale que admiras sus esfuerzos por expresarse bien, etc... No os quedéis cortos en estos, es una costumbre que debemos establecer: DAR ÁNIMOS, EXPRESAR EL CARIÑO, VALORAR LO QUE SABEN HACER.

8) Para incentivar el diálogo conviene hacer uso de frases abiertas con las que demostráis vuestro interés.
- Juanma me ha dicho que ahora le gusta otra. Me ha dejado.
- ¡Con lo enamorada que estabas de él! (respuesta abierta)
- Ese chico es un imbécil. Pronto encontraras otro novio, ya verás (respuesta cerrada).

9)  Las preguntas pueden no ser un buen recurso para comenzar y mantener una conversación.
 Consulta de una madre:
 -En cuanto entra por la puerta, ya sé que le ha pasado algo. No tengo más que verle la cara. Pero si le pregunto ¿Qué te pasa?, me suelta. “Nada. No me pasa nada. Déjame en paz”. Pero seguro que si no le pregunto, acabará diciéndome que no me preocupo por sus cosas. ¿Qué puedo hacer?
 
Conviene no olvidar que, con frecuencia, sobre todo en las conversaciones emocionales, no es lo mismo lo que uno dice que lo que otra persona escucha.

Siempre estamos interpretando lo que oímos, juzgando las intenciones del otro, más que la literalidad de lo que dice. Una chica va acompañada de su madre a comprar ropa a un almacén. Se prueba una blusa:
- Mamá, ¿Qué tal me sienta?
- Bien, pero ¿por qué no te pruebas una talla mayor?
- O sea, que estoy como una vaca, ¿es eso lo que quieres decir? ¡No sé por qué tienes que venir conmigo, para decirme cosas tan desagradables!

Estos malentendidos se dan también entre parejas, como muestra  el ejemplo siguiente:
Magda y Carlos van a un restaurante. Miran la carta.
Carlos: Voy a tomarme un buen chuletón.
Magda: ¿Has visto que tienen salmón a la plancha?
Carlos: ¡Cuando vas a dejar de controlar mi peso!
Magda: Yo sólo he dicho que había salmón, porque sé que te gusta.

Saber conversar nos parece tan importante, que también hablaremos de ello en la ESCUELA DE PAREJAS con hijos. Para ayudarnos a conocer la situación real, sería estupendo que nos respondiera a dos preguntas: ¿Cree que es verdad que las parejas hablan muy poco? ¿Cuál piensa que es la razón?

Puede enviarnos sus respuestas a la siguiente dirección electrónica de CANAL PADRES 

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