Número 11 Febrero 2011

Diferencias de género en el aula: ¡Cómo la vida misma!

"He preferido prescindir de las estadísticas y recurrir al método, quizás más subjetivo, de la observación. En este mundo compartido también tendrán que mezclar todas esas diferencias de género..."

Madrid | Febrero 2011 | Jerónimo García Ugarte | Docente y Tutor de la UP on-line


Diferencias y similitudes en el aprendizajeHe leído concluyentes estudios estadísticos que afirman que separar a niños y niñas en aulas diferentes aumenta su rendimiento académico. También he leído concluyentes estudios estadísticos que afirman que educar a niños y niñas en el mismo aula aumenta su rendimiento académico.

Así que a la hora de escribir esta pequeña reflexión sobre las diferencias de género en el aula, he decidido prescindir de las estadísticas y recurrir al método, quizás más subjetivo, de la observación. A lo que desde hace muchos años veo que ocurre en las aulas, al modo cómo las indudables diferencias, emocionales e intelectuales, que existen entre niños y niñas se van integrando armónicamente en el mismo aula enriqueciéndose mutuamente. Sin poder evitar una cierta mirada evocadora a lo que fue aquel COU de 1982 en el que por primera vez  tuve compañeras de clase...

Hay dos cosas que la observación y el recuerdo me han enseñado sobre las diferencias de género en el aula: la primera, que las diferencias existen. Que los niños y las niñas no son iguales ni en su desarrollo emocional ni intelectual, que su proceso de maduración no sigue el mismo ritmo y que su metodología de trabajo intelectual (de la que hablaré más adelante) busca, en la mayor parte de los casos, los mismos objetivos por caminos diferentes. La segunda cosa que he aprendido es que las diferencias de género contribuyen muy positivamente al desarrollo de tres aspectos que considero fundamentales en el proceso de formación (maduración) de nuestros alumnos y alumnas:

El desarrollo de sus competencias emocionales y de un modo muy especial de su capacidad para expresar y compartir emociones y sentimientos. (Quizás alguno de los que lean estas líneas comparta conmigo el mismo recuerdo de “incapacidad” para hablar de esa parte emocional que parecía reservada para las niñas).

Lo que cada día observo con satisfacción, es que esa incapacidad va desapareciendo progresivamente y que gracias a esas diferencias de género que hacen que las niñas maduren emocionalmente antes, los niños han aprendido a expresar y compartir no solamente lo que ven y piensan, sino también, lo que sienten. Mientras que ellas, mis alumnas, tienen la oportunidad de mostrarse tal y como realmente son y no como las “exigencias” de lo externo trata, en demasiadas ocasiones, de imponerles.

compartir emocionesAl compartir emociones y sentimientos todos/as “ganan” porque aprenden a conocerse mejor a sí mismos/as y a conocer empáticamente al otro/a. Me viene ahora a la memoria una cita (no estoy seguro de su autoría) que suelo utilizar en clase: "yo soy yo gracias a un tu que a su vez es yo gracias al tu que soy yo".

Y de conocer mejor cómo es realmente el otro/a el gran beneficiado ha sido el respeto. El respeto hacia las competencias emocionales e intelectuales del otro/a. Atrás, muy atrás… va quedando todo un catálogo de desafortunados comentarios y comportamientos que hacían del aula no un lugar de encuentro sino de desencuentro. Nuestros alumnos y alumnas (hijos e hijas) se viven como diferentes pero se valoran y respetan como iguales, porque saben que en el mundo al que se dirigen quedan, afortunadamente, pocas aulas separadas.

Y este es precisamente el tercer aspecto de su proceso de formación (maduración) del que me gustaría hablar: el aula es el primer ensayo de un mundo no diferenciado en el que tendrán que convivir.

Decía en un párrafo anterior que existen diferencias metodológicas en sus procesos intelectuales y sin ánimo de generalizar, lo observo cada vez que tienen que trabajar en grupos. Tanto los alumnos como las alumnas de un mismo grupo comparten el mismo objetivo: hacer bien su proyecto y obtener una buena calificación. Pero mientras ellas se “aferran” a la seguridad metódica (cartesiana) de cada uno de los pasos que van dando, ellos dirigen su pensamiento directamente hacia el resultado final y el efectismo de la presentación tratando de “agilizar” algunos de los pasos.

En el mundo, personal y profesional, en el que van a convivir también tendrán que saber integrar sus diferencias, poner en común sus potencialidades, para poder buscar y alcanzar un mismo objetivo personal, familiar y profesional.

En este mundo compartido también tendrán que “mezclar” todas esas diferencias de género: capacidad verbal, numérica, creatividad, improvisación, autoconocimiento…. de las que nos hablan los estudios estadísticos y que desde la observación y el recuerdo lo que nos muestran es que solamente entendidas desde una perspectiva de integración y de enriquecimiento mutuo encuentran su verdadero sentido y razón de ser.

Y todo, porque al final, el aula, es como la vida misma.